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El café me ha acompañado tantas mañanas de insomnio

dándole vida al nuevo día…

Su calor ha sido tantas veces el primer abrazo,

la taza humeante todo lo que podría ser…

 

Y ahora, en este camino de doble sentido que es la vida,

nos convoca en una ruta de almas sensibles.

Hermosas danzarinas, voces que acarician,

miradas limpias con “ojos abiertos que no quieren ver”.

 

Una de nosotras, a la que no voy a nombrar por bruja,

comparte su poción mágica hecha con borras y posos de café.

 

Yo, bruja también, no me iba a quedar sin probarla;

agua caliente que corre jocosa por mi piel morena,

arrastro sobre mi cuerpo un puño de aquello que quedó,

después de habérmelo bebido todo

 

Mientras lo hago, desprende todo su aroma,

deslizo para que no quede un solo rincón sin su efecto

y mi cuerpo queda casi cubierto de una arenilla oscura

que lo prepara, ya ofrecido, para el amor.